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EL ARTE DE LA CONSULTA


Cuando comencé a atender como nutricionista, en los albores de siglo, también había comenzado a estudiar Un curso de Milagros. No era el momento para interiorizarlo, sin embargo me dejó un material de cuatro renglones, una oración contundente con la que comencé a trabajar. ¿Con éxito? Sí, pero me dí cuenta que mis talentos debían desplegarse en otro tipo de consulta. Angelina era el nombre de la paciente que me lo hizo ver, porque llegaba y no le interesaba lo que tenía que comer, sino conversar sobre cómo se sentía. Había nacido el mismo día que yo (escorpiana) y el día que me planteó no continuar el tratamiento, por su economía, hicimos canje y me enseñó a hacer velas. Maravillosamente, me trajo luz. A nueve años de esa toma de conciencia, comencé a atender como terapeuta floral. Y muchos años más tarde, retomé Un Curso de Milagros. Ordenando papeles, encontré la oración y automáticamente supe que el camino no podía ni debía abandonarse, así no me quedaran fuerzas para trabajar. La oración decía “… no sé lo que tengo que decir ni lo que tengo que hacer...” y está grabada a fuego en mi mente racional, tanto que creo que también la hizo suya la mente inconsciente. ¡Ojalá así sea!

Es que no sé...hasta que sé. Así de sencillo. Con tranquilidad. En silencio o con buena música. Con el alma abierta, el talento sale y el talento de quien llega comienza a alimentar la Verdad. Se escucha y la intención de ser útil, hace el resto. Y termino citando palabras de Carl Jung: “Conozca todas las teorías. Domine todas las técnicas. Pero al tocar un alma humana, sea apenas otra alma humana”.


 
 
 

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